Uniformes Navales
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Historia
La Armada Nacional a través del tiempo

 

El destino marítimo

El mar fue la vía de enlace entre dos mundos de culturas diferentes. Visionarios navegantes españoles y portugueses rivalizaron en la ciencia náutica que en arriesgados derroteros amplió los reducidos horizontes. Dicha rivalidad se prolongó en el dominio de los territorios cuya posesión se preveía como fundamental.

Creado Montevideo como puesto militar en 1724, y recibido el primer contingente población en 1726, su estratégico enclave geográfico fue factor decisivo en su elección como Apostadero 50 años más tarde.

Así, la ciudad fundada por Zabala y cuya bahía se había utilizado como seguro fondeadero durante muchos años, fue elegida naturalmente como la mejor alternativa para establecer la sede del Apostadero del Atlántico Sur, necesaria respuesta a la amenaza inglesa de ocupación de ciertas tierras coloniales, particularmente en las altas latitudes del Atlántico. Una Real disposición del 9 de agosto de 1776, dispone la permanencia continua de dos fragatas de guerra en Montevideo, las que serán relevadas al cabo de dos años por otras dos y así sucesivamente.

Esta inicial y elemental organización irá evolucionado con el tiempo, transformando a Montevideo en una verdadera base naval, incorporándosele servicios de almacenes, arsenal, hospital y aumentando paulatinamente su dotación de naves. En 1810, la Corona disponía en Montevideo de una fuerza naval de 12 buques.

Desde este Apostadero, se vigilaban las tierras americanas, codiciadas por distintas potencias que buscaban en este mundo virgen sus múltiples y diferentes riquezas potenciales. Su jurisdicción abarcó toda la Cuenca del Plata y el Atlántico Sur, incluyéndose las Islas Malvinas, las que eran aprovisionadas y protegidas por buques aquí basados. Mediante el Tratado de San Ildefonso se amplían sus responsabilidades incluyéndose las islas de Annobón y Fernando Po.

Paralelamente al incremento de su potencia militar, Montevideo fue favorecido por Ordenanzas Reales complementarias, tales como la designación de única vía de salida de productos agropecuarios; recalada obligatoria de todas las naves en viaje del Callao a un Puerto Peninsular, o en travesía inversa; puerto terminal para carga y última escala para el servicio de correspondencia desde España.

Estos beneficios, a los que se agregó el Reglamento de Libre Comercio, redituaron en un importante crecimiento comercial, que se fue acentuando con el correr de los años, imponiendo su supremacía en el Plata.

A pesar de su fama de "infierno de los marinos", las aguas del río "grande como mar", fueron disputadas por las mas poderosas flotas europeas, conscientes de la importancia de su dominio, y Montevideo, como Fuerte militar, Apostadero y sobre todo como puerto, promovió el crecimiento de una ciudad cuyo destino marítimo estaba sellado.

 

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