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LA ARMADA NACIONAL CELEBRA SU 193º ANIVERSARIO

 

En el día de ayer, 15 de noviembre la Armada Nacional festejó su 193º aniversario, con la presencia del Sr. Presidente de la República en ejercicio, Contador Danilo Astori, Sr. Ministro de defensa Nacional Don Luis Rosadilla, Autoridades Nacionales, Departamentales, Civiles y Militares, Representaciones Diplomáticas, Docentes y Alumnos de la Escuela 175 “Pedro Campbell”, Instituciones Sociales y Deportivas, Amigos de la Institución y Familia Naval, con una ceremonia en la Plaza de la Armada Nacional.

El lugar se vio engalanado con la presencia de Buques de nuestra Armada, entre los cuales se encontraba el Velero Escuela “Capitán Miranda”, así como también buques extranjeros: el Buque Logístico “DRAKENSBERG” y el Submarino Tipo 209 “CHARLOTTE MAXEKE” de la Armada de  Sud África y la Corbeta “IMPERIAL MARINHEIRO” y el Patrullero “BABITONGA” de la Marina de Brasil.

Al culminar la ceremonia, desfilaron una compañía de desfile de la Escuela Naval, Pabellones y escoltas de la Escuela de Especialidades de la Armada, una Sección del Batallón Histórico 1888 del Comando de la Flota, una Sección de la Dirección General de Personal Naval y de la Dirección General de Material Naval, una Sección del Cuerpo de Fusileros Navales y una Sección de la Unidad de Apoyo de la Prefectura Nacional Naval. 

Palabras del Señor Comandante en Jefe de la Armada – Almirante Don Alberto Caramés en el 193º Aniversario de la Armada Nacional

            Brindamos a ustedes nuestra más cálida bienvenida a esta Plaza en el 193º Aniversario de la Armada Nacional.
Nos dirigimos a todos los presentes y en forma muy especial, a nuestro Personal Naval a quien tengo la honra de comandar, tanto que se halle en el país como en ultramar, servidores de la patria que, aun a costa de sacrificios personales cumplen diaria y tenazmente con sus obligaciones.

Luego de casi dos siglos de existencia nos encontramos en un momento histórico que, entre otras cosas, nos ha enseñado también que el patriotismo fecundo llega a través de la autocrítica, la crítica equilibrada, objetiva y no destructiva; que sin duda hace mucho bien.

Esta crítica de lo que fue, puede encausar en orden y decantar en lo que debería haber sido. Esto nos ha llevado a plantear para el futuro próximo un importante y profundo “cambio” en el rumbo de la Institución. El desafío radica en proyectar hacia el porvenir los muchos y buenos atributos de la Armada Nacional, siguiendo una trayectoria clara y creíble que nos permita alcanzar plenamente los objetivos trazados a través del cumplimiento de la misión con la mayor eficacia y eficiencia.
Misión, destino y metas claras son determinantes de la historia institucional y que tiene su origen en la vocación.

Apostamos al futuro con “esperanza”, sabiendo que las mujeres y hombres que integran nuestra Fuerza son capaces de lograr ese cambio, conducido por un Mando Naval que actúe con vocación y con el compromiso que requieren las circunstancias, en el marco jurídico del Estado.

Pero todo este esfuerzo institucional, para llevar a cabo las transformaciones necesarias, solo prosperará con la comprensión y el apoyo requerido e imprescindible de todas aquellas autoridades que tienen en sus manos la responsabilidad de conducir el país y en particular la Defensa Nacional.

La Armada, en quien la comunidad ha depositado una tarea específica delimitada por las normas, también posee una obligación que es natural en todo organismo humano: la “responsabilidad social”, que la lleva a participar en diversos campos del quehacer nacional e internacional. En este sentido, debemos comprometernos con aquellas causas que son comunes a todos;  participar en todo proceso que sea útil para solventar las necesidades sociales que afectan a la comunidad. Porque sin duda el combatir las carencias, apelando al aprovechamiento óptimo de los recursos disponibles, y desarrollar la inventiva, bien pueden ser medios adecuados para contribuir al bien común. 

Estas tareas, laterales a los objetivos específicos, pero no por ello menos importantes, forman también parte de nuestro quehacer profesional. De tal modo que en ambas áreas –la principal y la subsidiaria- tenemos la convicción de estar participando activa y útilmente en el permanente proceso de construcción de la Patria. 

Todo esto forma parte de esa “Armada desconocida”, que, a pesar de cumplir sus funciones en el mar los 365 días del año, permanece ignorada por muchos. Pese a la obsolescencia de nuestros medios materiales y la cada vez mayor carencia de recursos humanos, se intenta cumplir la misión básica; y aún más: contribuir al desarrollo y seguridad comunes, con acciones tales como el alistamiento de sus efectivos en diferentes especialidades y en la formación profesional, para cumplir tareas propias y otras de apoyo a diversas instituciones del Estado. 

Ciertamente, todo esto entendemos que continúa contribuyendo en forma sustancial a la preservación y mejora del tejido social y del quehacer marítimo nacional.

No obstante se hace necesario producir en esta Armada del siglo XXI un “cambio”, que deseamos sea claro en su orientación, aunque su instrumentación se realice en forma progresiva y segura.

Ese cambio se iniciará con la adecuación de los medios materiales y la reasignación del personal naval en el marco del presupuesto autorizado por el Ministerio de Defensa. A tales efectos se llevará a cabo un redimensionamiento de las actuales unidades, incluyendo el personal y material desplegados en misiones de paz. Priorizando, fusionando, desactivando, replegando, etc., con el fin de que el apoyo logístico y el personal puedan concentrarse al máximo en las unidades flotantes y aeronavales, para cumplir con mayor eficiencia y eficacia la misión.

La Enseñanza Naval jugará un rol básico en estos desarrollos. Profesionalismo, capacitación, sistema integrado de educación, para nuestro personal superior y, particularmente, contribuir a que nuestro personal subalterno no sólo se capacite en su especialidad, sino que también se le brinde oportunidad de completar sus estudios del ciclo básico de la enseñanza media, o graduarse en tecnicaturas que además le permitan posteriormente insertarse en el medio civil.

El mencionado redimensionamiento se llevará a cabo en dos etapas en el marco de la Doctrina Naval vigente, y con la premisa de cumplir tareas “como se debe y no como se puede”. Así se priorizará la seguridad y confiabilidad del personal y material, lo que constituirá una condición sine qua non en la Armada a la que aspiramos. Esta primera etapa comenzará en enero de 2011, y se ajustará anualmente en base a los recursos disponibles para el sostenimiento efectivo del material flotante y aeronaval, así como también a las realidades del personal superior y subalterno que revista en la fuerza, en el marco de la reducción de vacantes prevista. Sin lugar a dudas el cumplimiento pleno de muchas tareas básicas podrá verse afectado seriamente por esta realidad. Tengamos en cuenta también que las imprescindibles actividades de la Prefectura Nacional Naval en nuestras fronteras marítimas, fluviales y lacustres; así como  la reconstrucción de la industria naval –que bajo el liderazgo de la Armada ha cobrado un desarrollo nacional significativo- no sería deseable que se viesen comprometidas en sus respectivas finalidades de seguridad ciudadana y aporte al país en desarrollo.

Una segunda etapa, a la que aspiramos con convicción, y que bien puede llevarse a cabo simultáneamente con la anterior, permitiría, a través de una imprescindible incorporación de unidades flotantes adecuadas, con dotaciones reducidas, bajo consumo,  helicóptero embarcado y capacidad de patrulla marítima aeronaval, mantener el cumplimiento cabal de las tareas.

Este proceso de cambio enfatizará las fuerzas morales, a través de un acentuado liderazgo y una conducción que orientará al personal naval en los diferentes niveles, con el fin de que todos los integrantes de la institución se encuentren compenetrados con el sentido y esfuerzo de las acciones planteadas, profundizando al máximo la confianza en el Mando Naval.

Todo lo anterior entendemos que debe contribuir a algo más grande que implica a nuestro país y a su futuro. Por nuestra circunstancia geográfica poseemos una clara “condición marítima”, esto vale decir: estamos sobre el mar, dependemos de él para subsistir, comunicarnos y comerciar. En fin, el mar es símbolo de vida y prosperidad para nuestros pueblos. No obstante, falta aun en alto grado la disposición interior o mentalidad de mirar hacia el mar apreciando en él la importancia que posee para nosotros. Es lo que se llama “mentalidad marítima”. Una va de la mano con la otra, una nos es impuesta por la naturaleza, la otra es voluntaria y está en nosotros generarla. Ambas conforman la “conciencia marítima nacional”.
En este último aspecto –sin lugar a dudas- es esencial la gestión de los hombres de estado, capaces de mirar hacia el horizonte del futuro; también de ellos es la tarea de orientar en este sentido el desarrollo de esa conciencia marítima. Nada menos que el General José Artigas, en sus célebres “Instrucciones” entre otros documentos, es un ejemplo señero, al sentar los cimientos de una mentalidad marítima. Él, hombre de pradera verde, conocía muy bien la trascendencia de la pradera azul.  Esa misma superficie líquida ante la cual estamos ahora convocados y que en próximos tiempos llegará hasta las 350 millas; con todas las posibilidades de extracción de los más variados recursos, como medios que contribuyan a la prosperidad de todos. Para esto esperamos que el País a través de la Armada Nacional disponga de los buques y medios materiales necesarios, pues sin duda allí estarán presentes  los comprometidos y vocacionales marinos orientales.

Para finalizar, queremos recordar a un gran hombre de este país, recientemente desaparecido físicamente, con quien compartimos inolvidables tertulias y una gran amistad y que para nuestro honor prologó el libro “Capitán Miranda”, hace varios años.
Es este prólogo, hace referencia a otro libro “El gaucho de España vino” de Leslie Crawford, en el que el autor sostiene el origen marinero del gaucho y la naturaleza marítima de muchos de sus términos campestres.

El gaucho sería un verdadero marinero en tierra. Nuestro amigo se preguntaba, si era posible que ahora esa misma tierra y sus necesidades impulsaran a ese gaucho que hay dentro de cada uno de nosotros a volver al mar.


Estas palabras fueron la reflexión final de Don Alberto Methol Ferré quien compartía con nosotros la convicción de que los uruguayos debíamos dejar de darle la espalda al mar, sin duda fuente de desarrollo y prosperidad para los uruguayos que miramos esperanzados nuestra verdadera pradera azul.

Muchas gracias.

 

 
 

 

   

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