"…Esta emblemática nave lleva por el mundo el sentir y la cultura del pueblo uruguayo además del prestigio de nuestra Armada Nacional.
En él se han vivido momentos inolvidables que ayudan a forjar el temple y carácter necesario de sus tripulantes, caballeros de mar, que llevan con orgullo e hidalguía un mensaje de paz y progreso por los puertos y mares del mundo.
Difícil resulta para mi poder hilvanar pensamientos, historia, tradiciones, leyendas marineras y anécdotas en estos pocos minutos, donde se mezcla la razón con la pasión; el profesionalismo con el corazón.
Dos funciones bien marcadas son las que tiene esta embarcación, la de formar a los noveles Guardiamarinas en sus cubiertas y la de embajador de los objetivos del país y un motivo de relacionamiento para los uruguayos que viven en el exterior y que ven llegar su bandera a los distintos puertos del mundo, donde los buenos vientos lo lleven.
El Capitán Miranda ha recorrido más de medio millón de millas náuticas como velero escuela, y otro tanto desde el 30 al 77 como buque hidrográfico.
Sobre estas cubiertas llenas de sal se hicieron los primeros planos náuticos del Uruguay, se llevaron a cabo reuniones entre presidentes, embajadores y también el acercamiento de uruguayos que residen en el exterior llenos de nostalgia, deseando compartir un mate o vivencias con sus tripulantes.
Hoy la Armada Nacional está evaluando su futuro, todo puede pasar, pero lo que no podemos dejar de ver es que cada vez más este símbolo uruguayo muestra su desgaste y han surgido en él las arrugas de su rostro, siendo que las cuadernas que conforman su estructura crujen dolorosamente ante los embates del mar.
Alguien se preguntará:
En este siglo XXI,
¿Para qué se quiere un velero de estas dimensiones?, si el modernismo nos ha llevado a atender el comercio internacional con buques enormes de propulsión diferente…