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Parte tres, cuatro y cinco
TERCERA PARTE Nuestro primer mes desde la zarpada nos encontró como estaba previsto en la Isla de Margarita. Venezuela por segundo año consecutivos abría sus puertas al V/E Capitán Miranda y esta vez tuvimos la oportunidad, gracias a la importante gestión de nuestro señor embajador, el Brigadier (R) Gerónimo Cardozo, hincha fervoroso de nuestro buque insignia y amplio conocedor de sus capacidades, de que la visita fuera a tres de sus principales puertos; cada uno con diferentes características que su vez implicaron variados desafíos y retos para nuestra tripulación. Isla Margarita, lugar turístico por excelencia vio llegar a nuestro velero con todas sus velas desplegadas rindiéndole homenaje a esta majestuosa isla que se ve desde muy lejos por sus enormes montañas y que a medida que uno mas se acerca, mas impresiona. Gracias a la buena corriente y la velocidad casi exclusivamente alcanzada a vela en esta pierna (humildemente podríamos decir que la pericia de la tripulación comenzaba a dar sus frutos) llegamos la tarde anterior a la fecha de nuestro arribo a puerto, fondeando en un lugar maravilloso llamado Punta Ballena y que para nuestro asombro y nostalgia tenía mucho que ver con nuestro paisaje puntaesteño. Después del casi obligatorio baño de mar en nuestra banda de estribor que invitaba el calor, las hermosas y templadas aguas de la zona y la ansiedad típica de cada uno de nosotros por probar esta realidad que estábamos viviendo de estar ya en el Caribe, se comenzó con los trabajos de rutina para presentar marineramente el barco como corresponde, haciendo relucir sus bronces, quitando la sal de sus cubiertas y repintando todo aquello que hiciera falta para mostrarlo en todo su esplendor y sentirnos una vez mas orgullosos de que al momento de conocerlo tanto autoridades como la población en general, se sintiera cautivado con su belleza. Debo reconocer que no es un momento fácil para estar abordo ya que el ímpetu y el corazón con el que se hace esta tarea hace que como lo dice el viejo dicho “todo lo que no se mueve se pinta” y hasta el Comandante debe de estar con cuidado para no sufrir inconvenientes. Una vez en el puerto nos encontramos con una cantidad de uruguayos con sus banderas, que desde el día anterior nos habían hecho llegar su alegría por nuestra presencia, habiendo inclusive venido a visitarnos a nuestro lugar de fondeo los mas osados. Isla Margarita es un lugar maravilloso para visitar pero llegar de esta manera y recibir tanto calor humano de sus autoridades navales, su gobernación y especialmente de tantas familias de uruguayos no tiene comparación; demás está decir que tanto la recepción Oficial brindada por el buque, como el resto de las actividades se vistió siempre de celeste teniendo su punto culminante en la entrega de un busto de nuestro prócer para la plaza Artigas, sueño cumplido para muchos de los residentes que lo estaban pidiendo y que una vez mas este embajador flotante lo pudo cumplir. Tuvimos un típico asado en el club de los uruguayos de Isla Margarita, intercambiando bailes típicos con nuestra cuerda de tambores, tangos contra añoranzas, recuerdos contra algunas lágrimas, pero sobre todo mucha alegría y risas de compatriotas que hasta hace muy poco no se conocían pero que disfrutaron este encuentro como solo la hermandad, la sencillez y cultura de nuestro querido pueblo lo sabe realizar. Isla Margarita quedó atrás como un sitio de mucha belleza natural que nos permitió conocer sus playas, sus hermosas vistas, la alegría de sus gente, el cálido recibimiento de sus autoridades, pero sobretodo la felicidad de haber llevado un poco de su patria a mas de 500 uruguayos residentes en esta isla, algunos desde hace ya mas de 30 años, que con brillo en sus caras se despidieron de nosotros y de nuestra inmensa bandera, contentos de haber pasado momentos inolvidables que según su decir solo los puede brindar el Capitán Miranda, y su deseo y esperanza de que por favor no pase mucho antes de que los volvamos a visitar. Un día después llegamos a La Guaira, ciudad portuaria que queda a menos de 25 kmts de Caracas, la Capital de Venezuela. El señor embajador de Uruguay junto a una importante comitiva de autoridades navales y una banda de música de parada nos estaba esperando; atracamos a la popa de la Fragata Libertad, nuestros hermanos argentinos que después de tres años de reparaciones se lanzaban nuevamente a la mar y esta era la primera vez que nuestros dos veleros de instrucción con tanta historia teníamos la oportunidad de cruzarnos en nuestra derrota. Cumplimos la misma tarea, en ese buque van oficiales nuestros y nosotros tenemos oficiales argentinos abordo, solo restaba cruzarme con el comandante darnos un fuerte abrazo y desearnos la mejor de las suertes, y así lo hicimos. Fueron dos días cargados de emociones, visita a la Escuela Naval, visita al Comando de Operaciones Navales donde fuimos recibidos por las mas altas autoridades, visita al señor Gobernador de la Región, recepción abordo con embajadores de varios países y como si fuera poco la visita por primera vez, del señor presidente de la República Bolivariana de Venezuela, Comandante Hugo Chávez. El
presidente comenzó visitando la Fragata Libertad, y ya prácticamente caída
la noche pero con nuestro buque aún vistiendo sus mejores galas estábamos
rindiendo los honores correspondientes al ceremonial naval a nuestro ilustre
invitado. Después de las voces de hurra en honor a su embarque, el
mandatario tuvo un breve agasajo en cámara de popa mientras que la
tripulación que estaba rindiendo honores pasaba a formar a cubierta de
botes; en el mismo firmó el libro de visitas del buque y disfrutó de un
humilde show bailable de tango con el fondo musical de nuestro himno
cultural, “La Comparsita”, que por cierto este año está cumpliendo 90
años. Mas
tarde subió a cubierta de botes donde frente a toda la tripulación
y después de entonadas las estrofas de ambos himnos nacionales hizo
uso de la palabra resaltando entre otras cosas la unión de nuestros pueblos
y de todos los pueblos de América latina, así mismo destacó lo importante
de la visita a su país de este insigne buque por todo lo que el mismo
representaba. Al despedirse uno por uno de nuestros tripulantes les agradeció
por su presencia, no sin antes dejar como recuerdo nada menos que la réplica
de la espada de su prócer “Simón Bolívar”, obsequio tan
significante y tan sentido que un regalo similar le había entregado en el
pasado a Fidel Castro y como lo pudimos ver posteriormente, hoy se encuentra
en un lugar de honor en el Memorial
de José Martí en La Habana. De
esta manera fue cerrando otro momento histórico en los anales de nuestro
buque y como era de esperarse el V/E Capitán Miranda ocupó titulares en
todos los principales medios de difusión venezolanos. Cientos de personas pisaron nuestra cubierta acompañando a
la visita y debo reconocer que todavía no se como entraron, evidentemente
este barco se agranda en los momentos importantes y no se me ocurre nada mas
apropiado que decir que es como nuestro paisito, chico pero con un corazón
inmenso. Al terminar nos reunimos con la tripulación que tanto había
trabajado para esta ceremonia y solo se me ocurrió decir
BRAVO ZULÚ, bien hecho, ya que todos sabían y se sentían
orgullosos, mas que nada en ese momento, que eran parte de esta rica
historia y que habían estado a la altura de lo que las importantes
circunstancias les habían exigido. CUARTA
PARTE Siempre es poco el tiempo que uno tiene para descansar en puerto si se está en el Miranda y aunque estábamos agotados y había pasado mucha adrenalina por nuestros cuerpos con la visita del señor Presidente venezolano, otro compromiso nos estaba esperando en Caracas al terminar. Una delegación de Uruguayos mas numerosa aún que la de Isla Margarita, nos había citado para compartir una cena de confraternidad con la tripulación. Música, risas, comida, diversión, charlas entre Uruguayos hicieron rápidamente que nuestra gente cambiara radicalmente su escenario, hace una hora le estábamos rindiendo honores y dando la mano a un señor Presidente en representación de nuestro País y ahora nos encontrábamos festejando entre compatriotas y amigos; no debería decir que una cosa sea mas importante que la otra si lo miramos desde un punto de vista humano y dejando por fuera lo protocolar, ya que ambas son actividades propias de nuestra representación, pero sí, puedo asegurar y deseo resaltar que la humildad y hombría de bien de nuestra tripulación destaca al verse que a ambas actividades se le pone la misma garra y el corazón para que nadie se sienta defraudado, ese es el mismo temple que uno ve en nuestras cubiertas cuando a la hora de la visita no se hace distinción entre el pobre y el rico, ni entre el blanco o el negro, es ese sello por el cual se conoce en el mundo entero al V/E Capitán Miranda. El 11 de mayo al clarear el día, la tripulación comenzó a alistar el buque para zarpar rumbo a Maracaibo, nuestro tercer y último puerto venezolano. A las 1100 horas aproximadamente dejamos atrás La Guaira. Este puerto será recordado por la histórica visita del Presidente Chávez al “Capitán Miranda” y también por el lugar de honor que en todo momento le dieron al suscrito y a nuestra visita haciéndonos entender que éramos un nexo muy importante para afianzar cada vez mas las ya excelentes relaciones que existen entre ambos países y ambas armadas. Tres días nos separaban del próximo puerto navegando por el “tranquilo” Mar del Caribe, nada muy complicado si no fuera porque desde ese momento y durante todo el trayecto hasta que 25 días después dejáramos este mar definitivamente rumbo hacia Norfolk, salvo raras excepciones, durante la navegación nos acompaño una tormenta de agua, viento y olas a veces de 4 metros que hasta el mas osado y experimentado de nuestros marinos hubiera con gusto cambiado por un poco de tranquilidad. Navegamos por el lago Maracaibo unas 4 horas con un simpático práctico y en una singladura muy parecida a la que podemos encontrar en el río Uruguay, o sea navegación de boya a boya, cuando estas no faltaban, muy poco agua fuera del canal y con un paisaje similar sobre la costa a nuestro litoral, aunque con la diferencia de que el calor ya comenzaba a superar los 40 grados (nos habían advertido que esta era la ciudad mas caliente de Venezuela y les puedo asegurar que así lo sufrimos) y que era una zona de circulación de petroleros, inclusive uno enorme nos pasó por el canal durante nuestro ingreso y les puedo asegurar que desde el punto de vista subjetivo de este Comandante no parecía que sobraba mucha agua entre nosotros. Una vez llegado a Maracaibo, la tierra del estado de Zulia y seguramente una de las zonas mas ricas de Venezuela por su petróleo, primera vez que el V/E Capitán Miranda estaba en esta ciudad, nos recibieron a toda gala con carteles con la foto del señor presidente dándonos la bienvenida, con música y comida típica del lugar en el muelle para nuestra tripulación, con una delegación encabezada por las mas altas autoridades civiles y navales de la zona y por un grupo enorme de periodistas de todos los medios nacionales. Evidentemente la llegada de nuestro buque por primera vez, y así nos lo hicieron saber, era un hecho sumamente significativo para esta ciudad a tal punto de que fuimos centro de atracción permanente de la prensa, nos invitaron a inaugurar con las autoridades obras importantes del Estado, nos llevaron a gran parte de la tripulación escoltados a los lugares turísticos e históricos mas importantes de la ciudad, recibimos enorme cantidad de visitas que venían atraídos por la gran difusión de prensa que tuvo nuestra estadía en los anteriores puertos venezolanos, y como broche de oro en la recepción nocturna que hizo el buque para agasajar a las autoridades que visitábamos, el señor alcalde de Maracaibo me entregó la llave de la ciudad, creo que este testimonio por si solo resume la expectativa y el glamour que nuestro buque representó para los “maracuchos”, expresión con los que comunmente y cariñosamente se menciona a los lugareños. Al
cuarto día, aunque habiendo pasado mucho calor (aparentemente tuvimos
temperaturas extremas para esa zona, la cual de por sí normalmente ya tiene
temperaturas muy altas) pero llenos de amigos y tristes por abandonar esta
tierra de gente muy simpática y calurosa que abrió sus brazos sin
restricciones para recibirnos, comenzó nuestro viaje hacia Cuba. De acuerdo a lo destacado por el Señor Embajador de Uruguay en Venezuela Gerónimo Cardozo, la visita del buque a este país colmó todas las expectativas previstas y nuestro emblemático embajador flotante supo una vez más acercar a los pueblos de ambos países. Puntos relevantes fueron las hermosas horas de confraternidad que pasamos con cientos de uruguayos que hace muchos años están lejos de nuestro País y que nos esperaban y despidieron abrazados a nuestra bandera, cantando el Himno Nacional y mezclando lágrimas y sonrisas de emoción por nuestra visita. Una vez más el V/E “Capitán Miranda” cumplió con nota su noble e histórica tarea y lo único seguro es que las autoridades y el pueblo venezolano esperarán con los brazos abiertos que este buque regrese muy pronto. Como todo sucede en un viaje de instrucción del Capitán Miranda todavía con los recuerdos frescos de lo intensamente vivido en Venezuela uno ya tiene que pensar en el próximo puerto y así nos avocamos con el Señor Embajador de Cuba y la Señora Cónsul para ajustar la agenda de nuestra histórica visita por primera vez a La Habana. Lamentablemente y como ya se nos estaba haciendo costumbre durante 7 de los 8 días de navegación que nos separaban entre ambos puertos lejos de permitirnos descansar y organizarnos, las olas y el mar nos hicieron recordar la majestuosidad de la naturaleza cuando está contra uno y que poco podemos hacer ante ello; cada vez menos gente en cubierta salvo la que está de guardia, y el estado anímico cada vez mas venido a menos hasta que aparece, por suerte siempre al final aparece, el astro rey en todo su esplendor, el viento se calma y otra vez se recobra la vida abordo como si nada hubiera pasado. Así fue que el martes 22 en horas de la tarde llegamos a fondear en frente de la capital Cubana. En nuestra aproximación como si estuviéramos desfilando pasamos paralelos a la costa, al malecón cubano, con nuestras velas pintadas izadas como rindiéndole homenaje a esa bella ciudad y al mismo tiempo avisando orgullosos que nuestro buque estaba llegando; es curioso pero parecía ser, por los similar del paisaje, que estuviéramos acercándonos a la ciudad vieja con esa mezcla de rambla costanera y edificios antiguos por detrás. Fondeamos a no mas de 200 metros de la entrada del canal y en frente a sus murallas históricas, desde donde la gente percatada de nuestra presencia se había amontonado y desde lejos se veían los flash de sus cámaras como queriéndonos dar la bienvenida. El V/E Capitán Miranda había llegado por primera vez a Cuba y estaba listo para entrar al otro día con todas sus galas y esplendor, aunque debo reconocer que existía una gran expectativa de toda nuestra tripulación acompañada por cierta tensión, posiblemente fruto de que nadie había estado antes en este país y de que teníamos ante nosotros la responsabilidad de representar al primer buque Uruguayo de la Armada que llegaba a la Habana desde el año 1948. QUINTA PARTE El
Velero Escuela Capitán Miranda, Patrimonio Nacional de nuestro querido País, forma marinos militares en el mar intentando con ello
convertir este medio tan diferente en su propio territorio. Así mismo, son
y han sido los hombres de mar, parte y sustento de las Armadas, quienes con
sus mismas tradiciones y costumbres, han unido desde muy remotos tiempos los
pueblos de diferentes partes del mundo. Cumpliendo
esta tarea justamente, es que
el pasado 23 de mayo el Capitán Miranda haciendo gala de su innegable
belleza, de su rica tradición y de su merecida fama dada por sus muchos años,
pero principalmente por sus logros y participaciones en los eventos marítimos
mas importantes de las últimas cuatro décadas, entró airosamente al
Puerto de la Habana, lugar que desde el año 1948 no llegaba ningún otro
barco de la Armada. Los cubanos justamente por ser este acontecimiento tan
especial y que por la misma razón había sido profusamente publicitado, nos
esperaban en gran cantidad en el lugar de privilegio que las autoridades
navales nos habían dado, ya que atracamos en un muelle prácticamente a 10
metros de la calle y en pleno centro del histórico casco viejo de la
ciudad. El
despertar de esta metrópolis se vio sacudido por nuestras salvas realizadas
en honor al Puerto de La Habana, aunque mucho mas por el posterior estruendo
provocado en respuesta desde la Fortaleza de San Carlos. Una vez atracados
el señor embajador de Uruguay, Jorge Mazzarovich, con quien no nos conocíamos
pero veníamos trabajando desde hace meses ajustando los detalles de la
visita a los efectos de sacarle el máximo de provecho a la presencia de
nuestro embajador flotante, me confesó al embarcar, que ver la inmensa
bandera uruguaya flameando en la popa entrando por ese canal paralelo a la
costanera era en la realidad mucho mas emocionante que lo que el se había
imaginado. El señor embajador era la primera vez que tenia relación con el
Capitán Miranda y poco conocía de sus capacidades, y si bien desde un
primer momento se mostró impresionado y sumamente satisfecho con nuestra
visita, dicho por el mismo, quizás hasta no vivirla, no entendió realmente
el alcance que la misma tenía. Desde
el primer momento nos dimos cuenta que este era un puerto especial, tanto la
prensa local, como la internacional, como la nuestra en Uruguay, se mostró
permanentemente muy interesada en seguir nuestros pasos y la repercusión de
la visita en los medios fue muy importante; a modo de anécdota puedo decir
que hasta el famoso licenciado Petinati me llamó desde su programa radial
“malos pensamientos” para hacer sus acostumbradas bromas, pero también
para enterarse de como estábamos pasando y como nos habían recibido. De
hecho, nos recibieron a toda gala, dándonos siempre un lugar de privilegio
dentro del protocolo, primero lo hizo el señor Comandante en Jefe de la
Armada Cubana personalmente,
después hizo lo propio el señor Gobernador de La Habana, concurriendo
inclusive a nuestra recepción las mas altas autoridades militares y civiles
de la Ciudad, de la Defensa y del Ministerio de Relaciones Exteriores, junto
con Embajadores de diferentes países; el propio presidente interino Raúl
Castro anunció su visita aunque a último momento tuvo que posponerla y
dicho por muchos, este era para ellos un evento tan importante que si Fidel
Castro hubiera estado bien de salud también hubiera venido. Lo propio pasó
con la ciudadanía que en un número importante se volcó a las calles para
visitar el Capitán Miranda, llegando a mas de 6000 personas en tres días y
haciendo colas de mas de dos cuadras. El
pueblo cubano es por idiosincrasia un pueblo muy alegre y aunque al
principio estábamos un poco tímidos por falta de mutuo conocimiento, ya al
segundo día una vez roto el hielo, el repique de nuestra cuerda de tambores
comenzó a sonar en el muelle y no paró hasta llegada la noche haciendo
bailar y disfrutar a compatriotas y cubanos por igual. La
agenda durante nuestra estadía fue muy completa y compleja, como intentando
vivir en 4 días lo que no había sucedido en medio siglo, hubo conferencia
de prensa casi todos los días, se hicieron ofrendas florales a nuestros próceres,
se visitó la Escuela Naval, no faltando el típico partidito de fútbol de
confraternidad, se hizo una recepción al buque en la sede del Ministerio de
las Fuerzas Armadas con comida y música típica Cubana y se llevó a toda
la tripulación a visitar los principales lugares históricos de la ciudad,
entre los que se destaca el famoso Memorial a José Martí, enclavado en la
también histórica Plaza de la Revolución. Por otra parte hubo un conjunto
de tango que tocó en honor al Capitán Miranda a pocas cuadras de donde
estaba atracado el barco y al cual concurrimos en gran número y además ese
día nos invitaron a visitar la Fortaleza de
San Carlos, de alto valor histórico, situada en el acceso a puerto y
siendo la fortificación mas grande de Hispanoamérica. En este lugar,
presenciamos la tradicional ceremonia del cañonazo de las 2100, la cual
recrea los momentos en que en tiempos coloniales se efectuaba esto para que
se cerraran las puertas de la ciudad y se levantara una cadena que impedía
el acceso de los buques a la bahía. A
toda esta tan importante actividad se le sumó la vista el primer día a la
Escuela Latinoamericana de Medicina, donde se encuentran estudiando mas de
400 jóvenes uruguayos con quienes pasamos buenos momentos y quienes muchos
de ellos, durante el fin de semana, gran parte de sus tiempos libres la
pasaron dentro del Capitán Miranda pisando suelo uruguayo, tomando mate,
comiendo dulce de leche, hablando “uruguayo” y haciendo sonar los tambores entre compatriotas. Como
se puede notar la actividad fue variada e intensa para todos y aunque algún
paseo a la playa también pudimos organizar para relajarnos y descansar y
para aprovechar las bondades de la isla caribeña, al final de la estadía
se notaba el cansancio en la mayoría de la gente. Sin
embargo esto pasó a segundo plano cuando al despedirnos notamos la alegría
y satisfacción del Señor Embajador de Uruguay en la República de Cuba y
de su familia. No era para menos, el buque en su primera visita a La Habana
había cumplido con creces todas las expectativas dadas por su presencia. Al
poco tiempo de llegar y en varias oportunidades pudimos notar tanto por las
altísimas autoridades que nos visitaron, como por la gente común, como por
los cientos de estudiantes uruguayos que estuvieron compartiendo mate,
tambores y risas con nosotros, que la apretada agenda que teníamos se había
cumplido a satisfacción de todos. Vivimos visitas de intercambio a todo
nivel, pero mas que nada se logro que la gente Cubana nos conociera y
compartiera nuestras costumbres. Desde que llegamos hasta nuestra partida, a
medida que pasaban los días, cada vez mas el V/E Capitán Miranda se fue
convirtiendo en parte y partícipe del entorno que nos rodeaba y así logró
conquistar los corazones del pueblo cubano y era el decir de todos y
especialmente de la prensa local y de las autoridades, su inmenso deseo de
que este hito histórico que estaban viviendo se repitiera el año que viene
y por muchos años mas. Me
quedo con las palabras del Señor Comandante en Jefe de la Armada y del
Viceministro de Relaciones Exteriores quienes personalmente me señalaron
que no solo nos esperaban el año que viene, sino que querían que tocáramos
otros puertos, como por ejemplo Santiago, para darle la oportunidad a la
gente de ese lugar a que también tuviera la oportunidad de conocernos. Sin
embargo y por otra parte, no todo puede ser siempre color de rosas y
lamentablemente en este puerto que tantas satisfacciones nos dio, tuvimos
que sufrir la baja de uno de nuestros tripulantes, el cabo de primera
Gerardo Figuerón debido a un fuerte esguince en el tobillo izquierdo y por
recomendación de la sanidad de Cuba de que no era aconsejable que siguiera
navegando para su tratamiento, tuvo que ser desembarcado. Cuando
un Comandante sale en una misión como ésta, con una dotación asignada y
seleccionada por él, quiere siempre finalizar con todo el grupo que comenzó
y si bien sabemos que ha sido por el bien del clase, realmente toda la gente
sintió una pena muy grande cuando tuvo que despedirse de este compañero,
quien había cumplido a total satisfacción sus tareas abordo y que por su
manera de ser se había ganado el cariño de todos. Solo espero que se
encuentre bien y recuperándose y que sepa y resalto que de cualquier manera
tiene un lugar de privilegio merecidamente ganado entre los tripulantes del
Viaje XXVI.
Capitán de Navío (CG) Julio Ambrosoni
Comandante
Velero Escuela “Capitán Miranda”
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