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Palabras del Sr. C/N (CG) Julio AMBROSONI, Comandante del Velero Escuela Capitán Miranda en su XXVI VIAJE DE INSTRUCCIÓN

 

PRIMERA PARTE

A casi dos meses de nuestra zarpada, como Comandante de este Buque entiendo que es oportuno, aparte de los informes rutinarios que se envían desde cada puerto, brindar mis propias reflexiones sobre la primera parte del XXVI Viaje de Instrucción de nuestro Velero Escuela “Capitán Miranda”, nuestro Embajador en los mares del mundo, con el fin de que otros camaradas de armas, familiares, amigos y todo aquel que tuvo algo que ver con esta travesía ya sea apoyando o simplemente acompañando positivamente y con respeto esta tarea puedan apreciar nuestro avance desde la perspectiva de quien tiene la obligación y el privilegio de conducirlo .

Esta tripulación que hoy tengo el honor  de comandar, gracias a la convicción y el esfuerzo del Mando, nos acompaña casi en su totalidad desde el mes de octubre del año pasado, reforzándose en diciembre con la venida de la promoción 95 de Señores Guardia Marinas, por lo cual se ha formado un grupo homogéneo y compacto, con ideas claras de cual es la política directriz, que se pretende de ellos y cual es la misión y el objetivo del viaje.

Los invitados tanto civiles como militares que llegaron posteriormente en marzo también gracias a esto se fueron integrando rápidamente hasta ser hoy día uno mas entre nosotros.

El arduo trabajo de alistamiento, la preparación e instrucción en los meses de verano, las muchas navegaciones y eventos realizados antes de la zarpada dieron su fruto y el  9 de abril cuando este Buque partió hacia una nueva aventura, hacia la conquista de 22 puertos y 20300 millas marinas de navegación, aunque con la ansiedad y la adrenalina lógica del momento, este Comandante sabia que el buque y su dotación estaban preparados para afrontar lo que vendría.

Aquel día al ver los marineros, Guardia Marinas y Oficiales mezclados saludándose y deseándose un buen viaje sin ningún tipo de distinción  y todavía con el rostro contraído por haber dejado atrás a sus familias por siete meses apenas hace unos minutos, se podía vislumbrar la mística y el espíritu de camaradería y de cuerpo que solo se siente en el mar, en esa dependencia que se siente entre todos y que especialmente este viejo barco con su experiencia e hidalguía impone y que lo hace presente en cada uno de nosotros sin necesidad de recordarlo. Cada uno de sus tripulantes sabe y se siente responsable por lo que el Velero Escuela representa para la Armada, para el País, para sus familias, pero mas que nada para quien tiene la oportunidad de ser parte de su tripulación.

Así luego de todos los honores y de ser acompañados por parte de nuestra querida flota de mar para darnos la última despedida de nuestro amado Paisito, con honores marineros, con toque de sirenas y saludos de gorras entre camaradas, comenzó el viaje.

Catorce días nos esperaba antes del próximo puerto y siete meses antes de volver a ver esos paisajes que estábamos abandonando; no tengo pena ni vergüenza en reconocer que cuando quede solo sentí una presión y una responsabilidad muy grande por todo lo que se venia, la cara de la gente también parecía decir “ahora que recién empezamos, en que nos metimos, aguantaremos, que nos espera, estaremos preparados”; todas estas preguntas y muchas mas surgieron espontáneamente y menos mal que estábamos en el medio del mar porque en ese momento si hubiera habido oportunidad, soy un convencido que alguno ante tanta tensión se hubiera bajado.

Por suerte los días comenzaron a pasar y aunque el tiempo no ayudó mucho, mucho oleaje, bastante nublado, poca posibilidad de hacer vela por los vientos fuertes pero siempre de proa, todo el mundo comenzó a establecer su rutina y como siempre sucede, el barco después de solucionar sus primeras nanas agarro cancha y en medio de instrucciones, guardias y actividades propias de la navegación el espíritu volvió a prevalecer y así llegamos a nuestro primer puerto de recalada.

Esa noche fondeados frente a la ciudad y sin que nadie lo organizara o lo ordenara, los Departamentos, la gente espontáneamente, se comenzó a reunir en proa y guitarra por medio comenzaron cantos y risas, sabedores que habíamos cumplido no solo con la primera pierna de la derrota, sino quizás con la mas difícil, la que nos había sacado de nuestros hogares, de nuestras familias, de nuestras rutinas para meternos de lleno en este que para la mayoría sin lugar a dudas será el viaje de su vida.

SEGUNDA PARTE 

La ciudad de Fortaleza ya está acostumbrada a la presencia en su puerto del “ Capitán Miranda”, ya hace muchos años que el buque recala como primer o segundo puerto en este lugar, después de una etapa difícil de navegación con mucha Instrucción, puliendo y perfeccionando los procedimientos todos y en especial los de emergencia, para asegurarnos con ello que esa dependencia que cada uno tiene del otro se vean respaldados con la adecuada preparación y capacitación; una etapa a su vez de adaptación al mar, de adaptación a los camaradas en un buque con poco o casi nada de espacio que pocas veces nos permite esa privacidad mínima que cualquiera requiere en determinados momentos. No se necesita ser psicólogo para entender que 92 almas en un sitio de 55 metros de largo por 8 de ancho navegando muchas veces en condiciones muy adversas de tiempo por varios meses, deben ser personas muy bien preparadas, personas que adoren su profesión y que se sientan dichosos de la tarea que están cumpliendo; las relaciones humanas son muy importantes, la disciplina, la capacitación para los diferentes puestos que cada uno cubre y la voluntad para realizar sus tareas son fundamentales, pero deben basarse en la confianza que se tiene del compañero.

Esto es a lo que me refería anteriormente con lo que representa el espíritu de este gallardo navío, el marinero mas antiguo guía y rezonga al mas nuevo cuando no hace las cosas bien, la tarea del buque es la suma de la tarea de todos y nadie puede fallar, todos saben que nadie puede errar y la calidad humana de la gente que hoy comando se nota en cada una de las tareas que rutinariamente se realizan; es fácil conducir un buque cuando cada uno de sus tripulantes es un evaluador de la calidad de su producto “me consta que todos quieren que esta empresa salga adelante y he visto sacrificar intereses personales a favor de ello”. ¡¡ No podría hacerse de otra manera!!

Volviendo a nuestro viaje, debo decir que el puerto de Fortaleza es y será un puerto muy adecuado para la distensión del personal después de esta primera etapa, los viejos tripulantes se sienten como en casa, los nuevos son recibidos con la alegría típica de los Brasileros Cearenses en este caso; nos sentimos rápidamente confortados siendo la vedette para la prensa y recibiendo en nuestras cubiertas cientos de familias que se acercan para conocer, algunos reincidentes, este pedacito de tierra uruguaya que en base al profesionalismo y simpatía de su gente intenta mostrarles en una breve visita guiada nuestras tradiciones, nuestra cultura, esa marca país que ha convertido este buque en un emblema mostrándola por el mundo.

Aunque fueron sólo tres días, este tiempo dio para intercalar las visitas protocolares correspondientes junto a nuestro Señor Agregado, con las recepciones oficiales abordo homenajeando a las autoridades civiles y militares de la zona y con momentos de relax como lo fueron un partido de fútbol, paseos a la playa y excursiones al parque acuático mas grande del mundo (según dicen los locales). Todos disfrutamos y en ese entonces nos sentíamos como que lo merecíamos después de haber superado nuestra primera pierna. Cuando zarpamos estábamos renovados y listos nuevamente a llevarnos el mundo por delante, sin saber que la próxima experiencia que tendríamos sería completamente diferente a todo lo increíble ya vivido.

La navegación hacia el Caribe fue diferente, a pesar de que en los primeros días nos acompañaron intensas lluvias, la tripulación ya estaba mas confiada, se sentía mas segura y la navegación a vela surgió en todo su esplendor; las condiciones de viento y corriente fueron sumamente favorables y los comandantes de guardia se disputaban quien obtenía la máxima velocidad llegando a extremos de 12,5 nudos, aunque también con escoras de 20 grados; la gente de máquinas que hasta ahora venía soportando temperaturas de 50 grados en la sala comenzaba a aflojarse un poco y desde mi punto de vista el barco caminaba con un paso seguro y arrollador que acompañado a una hermosa luna llena que nos siguió todas esas noches nos hacia aun mas privilegiados por estar en esos momentos en este lugar tan paradisíaco.

Tanta belleza y felicidad nunca es eterna y lamentablemente para los infieles nos acercábamos al Ecuador y leales a las mas nobles tradiciones navales el 28 de abril este Comandante le entregó el mando al rey Neptuno para que bautizara a esas almas perdidas que por primera vez cruzaban la latitud 00º 00’. A las 10.00 horas comenzó la ceremonia, este Velero Escuela tripulado por marinos uruguayos, súbditos predilectos, que año a año continúan navegando por los mares del mundo entregó casi 50 tripulantes al rey para que probaran ser merecedores de pertenecer a sus huestes superando horrorosas y numerosas pruebas sometidas por su honrosa corte. Y así fue dispuesto, cuidadosos de las normas y sin excesos, con abundante alegría y festejando de noche todos juntos con bebida y comida, hecho el sacrificio, supuestamente mas sabios, conocedores del mundo e inquebrantables, ahora sí contábamos con la benevolencia del rey de los mares para continuar con las exigencias que este viaje XXVI nos impone y retornar a salvo a nuestro puerto de origen.

Al otro día sobre cubierta la nota diferente la daba mucha gente con muy poco pelo y la molestia de algunas de las damas que haciendo sus primeras armas en navegación también habían sido bautizadas; este Comandante también recibió miradas de reproche pese a sus intentos de explicar que había sido neutral y que no era responsable de lo sucedido.

La navegación continuó a buen ritmo y el tiempo y el mar curó estas pequeñas heridas; a los pocos días ya estábamos entrando al Caribe entre las islas Trinidad y Tobago, islas montañosas que con todo su esplendor nos abrían paso hacia nuestro próximo destino “Isla Margarita”. 

                                Capitán de Navío (CG) Julio Ambrosoni

Comandante Velero Escuela “Capitán Miranda”

 

 

 

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